El mapa meteorológico de América Latina ha comenzado a teñirse de rojo intenso. Lo que hasta hace poco eran proyecciones científicas hoy se traduce en termómetros desbordados y estados de emergencia. El fenómeno de El Niño, que amenaza con ser uno de los más feroces de la historia contemporánea, ha lanzado su primer embate, dejando a varios países de la región en una lucha contrarreloj frente a temperaturas récord.

Con una probabilidad del 67% de alcanzar una intensidad «muy fuerte», según el Centro de Predicción Climática de EE.UU., este fenómeno no afectará a todos por igual. Mientras el sur del continente se prepara para lluvias torrenciales, el norte y el centro ya padecen una sequía asfixiante que se espera persista con fuerza hasta febrero de 2027.
El epicentro del calor: Récords rotos en el Caribe y Centroamérica
La situación es crítica en varios frentes:
- Colombia en Alerta Roja: El país sudamericano vive una transformación drástica de su paisaje. En apenas dos semanas de mayo, las alertas por incendios forestales se dispararon de 7 a 90. Ciudades como Valledupar han alcanzado los 38,4 °C, mientras que San Andrés ya superó su máximo histórico, evidenciando una anomalía térmica que pone en jaque la salud pública y el medio ambiente.
- Honduras y la Protección Escolar: Ante la inminencia de una «canícula» prolongada, el gobierno hondureño ha tomado medidas drásticas, modificando los horarios escolares para evitar que los niños se expongan a las aulas en las horas de mayor radiación. Además, se ha anunciado una inversión masiva de 1.500 millones de lempiras para blindar la producción agrícola ante la sequía inminente.
- El Salvador rompe la barrera de los 40 °C: En localidades como Güija, el termómetro marcó los 41 °C, una cifra alarmante que ha llevado a las autoridades a prohibir estrictamente las quemas agrícolas para evitar desastres forestales en un suelo ya reseco.

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Un fenómeno de dos caras
El reporte técnico advierte que el impacto de El Niño será dual. Mientras Centroamérica, el Caribe, Venezuela y el norte de Colombia enfrentan olas de calor y sequías, regiones en Ecuador, Perú, el sur de Brasil y Uruguay deben prepararse para el escenario opuesto: lluvias intensas e inundaciones.
En Guatemala, la Conred ya anticipa una reducción drástica de las lluvias y un aumento en la propagación de incendios debido a la combinación de vegetación seca y vientos moderados. Por su parte, Venezuela se mantiene en «estatus de vigilancia», monitoreando una evolución climática que promete redefinir los planes de contingencia de toda la región.
La comunidad científica y los gobiernos locales coinciden: no estamos ante un evento pasajero. La preparación para los meses críticos entre diciembre de 2026 y febrero de 2027 será determinante para mitigar lo que podría ser uno de los desafíos climáticos más costosos y peligrosos de la década.
Redacción DHH sobre lectura de medios
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