El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha lanzado una dura acusación contra su homólogo estadounidense, Donald Trump, calificando de «piratería» la intención de Washington de imponer un cobro a las embarcaciones que naveguen por el estratégico Estrecho de Ormuz.

Desde São Paulo, Lula cuestionó la catadura moral de la medida, señalando que un país que históricamente lideró la lucha contra la piratería marítima no puede ahora adoptar esas mismas prácticas para obtener beneficios económicos en plena crisis internacional. Para el mandatario brasileño, la iniciativa de Trump de «ganar dinero a costa de la desgracia» no es ni democrática ni civilizada, y advirtió que el costo de estas decisiones geopolíticas se reflejará directamente en el plato de los ciudadanos a través del aumento de precios en alimentos básicos como el arroz y las alubias. Además, Lula puso en duda las justificaciones de la ofensiva contra Irán, afirmando que Teherán no posee la capacidad nuclear que Washington alega para mantener la tensión en la zona.
El plan de Trump: «Reembolso» por la seguridad global
Por su parte, la administración de Donald Trump ha defendido su postura bajo una lógica mercantilista de la seguridad nacional. El mandatario estadounidense anunció la retoma del bloqueo naval a los puertos iraníes y la implementación de una tarifa del 20 % sobre todas las cargas que transiten por el estrecho bajo protección de las fuerzas armadas de EE. UU..
Trump argumenta que Estados Unidos ha actuado como el «guardián» de esta vía marítima —por la que circula una quinta parte del petróleo mundial— sin recibir nada a cambio, y que es momento de que las naciones ricas reembolsen los costos de las operaciones militares y el riesgo al que se expone su personal.
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«Vamos a recibir mucho dinero por protegerlo. Todo lo que queremos es ser reembolsados por poner a nuestro pueblo en peligro», declaró Trump, asegurando que Washington está tomando el control total del paso. Esta medida ha provocado una respuesta inmediata de Irán, que rechaza cualquier interferencia en la gestión de la hidrovia y advierte que cualquier colaboración de los países del Golfo con Estados Unidos será considerada un «acto de guerra».
La escalada ocurre tras el colapso de una breve tregua de 60 días, dejando al Estrecho de Ormuz —un punto vital donde se comercia el 20 % del crudo y gas natural licuado del planeta— en el centro de una tormenta política y económica que amenaza la estabilidad global.
Redacción equipo DHH.
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