Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 42 años, coronel del Ministerio del Interior y exjefe de seguridad de su abuelo, Raúl Castro, se encuentra en el ojo del huracán tras revelarse presuntos vínculos con el crimen organizado transnacional. Según una investigación publicada por The New York Times, el hombre apodado «El Cangrejo» habría utilizado su enorme influencia dentro de la cúpula de poder de la isla para dar protección y paso libre a una red de contrabando y tráfico de personas hacia los Estados Unidos.

08/11/2026.
La Conexión con la «Mafia Cubana de Quintana Roo»
Los documentos judiciales federales y testimonios de cooperantes señalan a Rodríguez Castro como un colaborador clave de la denominada «Mafia Cubana de Quintana Roo», una peligrosa organización criminal con base en ese estado de México. El esquema delictivo consistía en robar embarcaciones y motores de alta potencia en el sur de Florida para trasladar ilegalmente a migrantes desde Cuba hacia México, y posteriormente introducirlos en Estados Unidos.
El costo humano de esta operación fue devastador: los expedientes registran que al menos 25 personas murieron en estas travesías. Además, aquellos migrantes que no lograban pagar la tarifa de aproximadamente 10.000 dólares eran retenidos en casas de seguridad en territorio mexicano, donde sufrían extorsiones y violentas torturas. Entre las personas trasladadas de forma clandestina por esta red figuraban reconocidos peloteros profesionales de béisbol de las Grandes Ligas, como Yasiel Puig y Adeiny Hechavarría.
Lanchas Rápidas, Rolex y Contrabando de Estado
Dos de los líderes de la red ya condenados por la justicia estadounidense, José Miguel González Vidal (sentenciado a 25 años de prisión) y Reynaldo Crespo Márquez, señalaron directamente a «El Cangrejo» ante los fiscales federales. De acuerdo con sus testimonios, Rodríguez Castro se encargaba de asegurar el libre tránsito de los contrabandistas y de blindar sus operaciones frente a la Guardia Costera y la aduana de Cuba.
A cambio de esta «aduana libre» para mercancías compradas en México con tarjetas de crédito robadas, el nieto del exgobernante cubano habría recibido ostentosos sobornos. Entre los regalos de lujo se mencionan una lancha rápida Fountain 38, un reloj Rolex, una motocicleta Suzuki y artículos de la marca Louis Vuitton. Lo más alarmante es que, según las declaraciones de González Vidal a las autoridades, los productos que esta red ingresaba ilegalmente a Cuba eran comercializados posteriormente en tiendas controladas por el propio gobierno cubano.
El Enigma Diplomático: ¿Criminal o Futuro Presidente?
La revelación de esta trama delictiva coincide con un momento de notable transformación en el rol político de Rodríguez Castro. A pesar de no ocupar formalmente un cargo en el gabinete de Miguel Díaz-Canel, se ha consolidado en los últimos meses como una figura clave de interlocución en las negociaciones de alto nivel entre La Habana y Washington, específicamente con la administración de Donald Trump. Algunos asesores estadounidenses de política exterior destacan la paradoja de que, a pesar de las graves sospechas, su afición declarada por los bienes materiales y de lujo lo convierte en un «representante idóneo» para discutir reformas económicas debido a su aparente apertura hacia las ideas capitalistas.
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Aunque en entrevistas recientes con medios extranjeros Rodríguez Castro ha manifestado sus ambiciones de convertirse en el próximo presidente de Cuba (asegurando estar dispuesto a hacer ese «sacrificio por la Revolución» y negando poseer riqueza propia más allá de los regalos de sus «admiradores adinerados»), su futuro judicial sigue siendo incierto. La llamada «Operación Sísifo» en Estados Unidos ya ha logrado la condena de al menos 21 miembros de la red criminal, pero el Departamento de Justicia estadounidense ha declinado confirmar si existe una investigación activa en contra de «El Cangrejo», quien hasta el momento no enfrenta cargos formales en ese país.
Por su parte, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, rechazó de manera tajante las acusaciones, tildándolas de «calumnias» y asegurando que, si bien existen mafias latinoamericanas que lucran con el dolor de los migrantes, estas no tienen ningún tipo de nexo con el gobierno de la isla.
Redacción equipo DHH sobre lectura de nota de NYT
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