Un demoledor y exhaustivo informe revela la agonía diaria en Cuba, donde el hambre generalizada, el colapso absoluto de los servicios públicos y un rechazo sin precedentes a la gestión de Miguel Díaz-Canel marcan el fin de un ciclo histórico.

09/07/2026. El tejido social de Cuba se encuentra en un estado de descomposición avanzada y sin precedentes. Según los datos del revelador IX Informe sobre el Estado de los Derechos Sociales en Cuba (2026), elaborado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), el país asiste a un colapso humanitario sistemático en el que prácticamente ningún sector de la vida nacional logra escapar a la crisis. El estudio, basado en 1.318 entrevistas personales realizadas a pie de calle en 79 municipios del país entre el 27 de junio y el 29 de julio de 2026, ofrece una radiografía implacable de la precariedad extrema y el sufrimiento diario que padece la población de la isla.
El drama del hambre: 8 de cada 10 cubanos se privan de comer
El hallazgo más alarmante del informe es la consolidación del hambre como una realidad cotidiana para la inmensa mayoría de la población. El 94% de los cubanos vive actualmente en condiciones de pobreza extrema. Esta precariedad tiene un reflejo directo e inmediato en las cocinas de los hogares: 8 de cada 10 cubanos (el 80%) han tenido que privarse de alguna o de todas las comidas diarias debido a la severa escasez de alimentos o a la falta de dinero para adquirirlos. El año pasado, esta trágica realidad golpeaba a 7 de cada diez personas, lo que demuestra un agravamiento acelerado de la crisis alimentaria.
La situación adquiere tintes de tragedia humanitaria cuando se analiza a la población de la tercera edad. Entre los adultos mayores de 61 años, la cifra de quienes no pueden realizar las tres comidas diarias asciende de manera desgarradora a 9 de cada 10. Casi la totalidad de este grupo vulnerable (un 99%) atribuye directamente la omisión de comidas a la falta absoluta de recursos económicos o a la indisponibilidad física de alimentos.
Salarios de miseria frente a un costo de vida inalcanzable
El hundimiento económico de las familias cubanas está íntimamente ligado a la depreciación vertiginosa del peso cubano (CUP) frente al dólar estadounidense (USD) en el mercado no estatal. Tomando como referencia la cotización mediana de los últimos meses previos a la encuesta —donde 1 dólar equivale a 510 CUP—, los ingresos familiares de los cubanos resultan simbólicos.
El Banco Mundial sitúa la línea de pobreza extrema en 1,90 USD diarios por persona. Para que un hogar promedio de tres personas en Cuba no caiga en la extrema pobreza, requeriría ingresos mensuales mínimos de 171 USD, lo que equivale a unos 87.210 CUP mensuales. La realidad de los ingresos locales contrasta de forma brutal con esta necesidad:
- El 68% de los hogares cubanos declara ingresos inferiores a los 20.001 CUP al mes, una cifra que apenas representa una cuarta parte de lo necesario para superar el umbral de la pobreza extrema.
- El 63% de las familias confiesa tener dificultades severas incluso para adquirir los bienes más esenciales para sobrevivir, mientras que apenas un ínfimo 6% cuenta con recursos que le permiten realizar algún tipo de compra más allá de lo estrictamente básico.
- El abandono estatal hacia los ancianos se refleja en que el 47% de las personas mayores de 60 años sobrevive con ingresos mensuales en el hogar inferiores a 3.056 CUP, el equivalente a la pensión mínima oficial de jubilación.
En este contexto inflacionario, el impacto tradicional de las remesas familiares se ha visto fuertemente limitado por la escasez generalizada y el encarecimiento desmedido de los productos. Asimismo, el colapso de los servicios públicos y la falta de transparencia gubernamental han anulado por completo el histórico amortiguador de los productos y servicios subsidiados por el Estado.
Un país en ruinas: El colapso de la infraestructura pública
El informe del OCDH evalúa de manera local el estado de las infraestructuras municipales en todas las provincias del país, arrojando un balance predominantemente negativo: el 95% de los ciudadanos considera que las infraestructuras generales de su localidad están en un estado regular o directamente malo.
La infraestructura eléctrica se corona como el peor servicio público del país: el 95% de los cubanos califica su estado como malo, una opinión que supera el 90% de negatividad de forma uniforme en prácticamente todas las provincias de la isla. En el podio del desastre le acompañan los servicios de recogida de basura y gestión de vertederos (87% de valoración mala) y el deteriorado servicio de internet y telefonía (86% de valoración mala).
El resto de los servicios básicos no corre mejor suerte:
- Acueductos y alcantarillado: El 84% de la población califica su estado como malo.
- Hospitales y centros de salud: Un 82% reprueba su funcionamiento y estado físico.
- Carreteras y vías públicas: El 80% de los consultados las considera deficientes.
- Escuelas: Aunque son el servicio menos castigado en la valoración, el 56% de los cubanos también considera malo el estado de las instituciones educativas.
Este descalabro se traslada directamente a las viviendas. Solo el 18% de las casas en Cuba se encuentra en buen estado. La gran mayoría presenta un alarmante nivel de deterioro: el 47% de las viviendas necesita reparaciones, el 25% requiere arreglos de carácter urgente y un 7% se encuentra en peligro inminente de derrumbe. Nuevamente, los ancianos sufren el peor impacto: solo el 8% de los mayores de 70 años vive en una casa en buen estado, mientras que este mismo grupo concentra el 26% de las viviendas en peligro de desplome.
Ante la pregunta de cuáles son los problemas más urgentes que el país debe abordar en los próximos seis meses, las respuestas de la ciudadanía son contundentes: los apagones (70%), la crisis alimentaria (52%) y el coste de la vida derivado de la inflación (45%).
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Rechazo histórico al régimen y ansias contenidas de cambio
La insostenible situación social ha destruido la legitimidad del gobierno cubano. El 95% de los cubanos desaprueba la gestión del gobierno encabezado por el binomio de Miguel Díaz-Canel y Manuel Marrero Cruz. El rechazo es abrumadoramente uniforme en todas las generaciones: las opiniones negativas oscilan entre el 92% y el 96% en todos los tramos de edad, mientras que las valoraciones positivas no superan el 2% en ningún grupo etario.
Este divorcio entre la ciudadanía y las autoridades se traduce en una desconfianza absoluta hacia las políticas oficiales: el 84% de la población no cree que las recientes medidas económicas tomadas por el gobierno vayan a mejorar la situación del país. Esta desconfianza es particularmente alta entre la juventud de 18 a 30 años, alcanzando el 88%.
Sin embargo, a pesar de la represión y la asfixia cotidiana, se percibe el fin de un ciclo histórico signado por una profunda necesidad de transformación. La mitad de los encuestados (50%) conserva la expectativa de que se producirá un cambio favorable para la gente en los próximos seis meses, una esperanza que se mantiene especialmente viva entre los jóvenes de 18 a 30 años y los adultos de entre 46 y 60 años (ambos con un 56% de optimismo).
Al indagar sobre el rumbo que debe tomar la nación, el deseo de una reforma integral es casi unánime: el 77% de los cubanos exige cambios profundos que abarquen tanto el ámbito político como el económico. Por el contrario, la preferencia de la población por mantener el actual modelo socialista o de no realizar cambios políticos es prácticamente nula.
Finalmente, de cara a la reconstrucción del país, la sociedad cubana apuesta mayoritariamente por romper el monopolio estatal en áreas sensibles: el 66% de la población considera que los servicios de educación y salud deben transitar hacia un modelo mixto (público y privado), frente a solo un 21% que prefiere mantenerlos bajo el esquema exclusivamente estatal y público actual.
Los datos del OCDH demuestran que, más allá del deterioro material de las calles e infraestructuras de la isla, el verdadero colapso en Cuba es humano, empujando a la sociedad a una encrucijada histórica de supervivencia.
Redacción equipo DHH.
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