En un nuevo capítulo de la histórica fricción entre Washington y La Habana, el panorama geopolítico del Caribe se ha visto sacudido por declaraciones cruzadas que oscilan entre la pretensión de acercamiento y la preparación para un conflicto bélico. Mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, sostiene que la isla finalmente está cediendo ante la presión, el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, responde con una retórica de resistencia absoluta.

07/02/2026.
Desde Dakota del Norte, durante la inauguración de la Biblioteca Presidencial de Theodore Roosevelt, Donald Trump lanzó una afirmación inesperada: «Cuba, después de muchas, muchísimas décadas, se está acercando a nosotros». Según el mandatario norteamericano, el país caribeño estaría entrando en la órbita de Estados Unidos, una declaración que llega apenas un mes después de que el Departamento del Tesoro endureciera las sanciones contra la cúpula política y sectores estratégicos de la isla.
Esta estrategia de aproximación forzada se apoya en una «vuelta de tuerca» económica que busca ahogar financieramente al gobierno cubano mediante:
- Bloqueo continuo al suministro de crudo para paralizar la economía.
- Restricciones severas a entidades financieras extranjeras que operen con La Habana.
- Persecución a los sectores de minería y defensa, pilares del sostenimiento del sistema actual.
A este escenario se suma un componente de espionaje digno de la Guerra Fría: la reciente detención de Carlos Antonio Lloga Domínguez, acusado de operar durante más de diez años como un agente subversivo encubierto para la inteligencia cubana en territorio estadounidense.
La respuesta de La Habana: «No tenemos miedo»
La reacción del palacio de la Revolución no se hizo esperar. En una entrevista concedida a la cadena británica Sky News, Miguel Díaz-Canel calificó las palabras de Trump como una «estrategia de intoxicación mediática y de guerra psicológica» diseñada para atemorizar al pueblo cubano. El líder cubano fue tajante al afirmar que, aunque no buscan el conflicto, «no le tienen miedo a la guerra» y están preparados para no ser tomados por sorpresa.
Díaz-Canel denunció que la isla se encuentra en un punto de «máxima presión», enfrentando una profunda crisis energética que se ha agravado desde mediados de 2024 debido al asedio petrolero. Ante las amenazas de una eventual invasión, el mandatario aseguró estar dispuesto a luchar «hasta la última gota de sangre» para defender la soberanía e independencia de Cuba.
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La Asamblea General de la ONU
Lejos de ceder ante la «órbita» mencionada por Trump, el gobierno de Cuba ha decidido llevar el enfrentamiento al plano diplomático internacional. Se ha solicitado formalmente una sesión en la Asamblea General de la ONU, prevista para el próximo 7 de julio, con el objetivo de abordar las afectaciones críticas que el bloqueo estadounidense está causando en la vida diaria de los cubanos. Mientras tanto, la isla se reafirma como un «país de paz» que no renunciará a su condición de nación soberana frente a lo que consideran mentiras y manipulaciones de la administración actual en Washington.
Redacción equipo DHH.
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