A medida que se acerca el año 2026, EE.UU. se prepara para conmemorar su 250 aniversario, un hito que encuentra a la nación en un momento de profunda reflexión y, a menudo, de polarización política sobre qué narrativa histórica celebrar. Lo que comenzó en 1776 como una precaria franja de trece colonias en la costa atlántica se ha transformado, a través de siglos de expansión, guerra y diplomacia, en la superpotencia dominante del orden mundial contemporáneo. Esta es la crónica de una evolución territorial e ideológica sin precedentes, marcada tanto por ideales democráticos como por ambiciones imperiales.

07/03/2026.
El estallido de la libertad: El camino hacia 1776. La génesis de Estados Unidos se remonta a las medidas impopulares de la corona británica tras la Guerra de los Siete Años. El enorme endeudamiento del imperio llevó al rey Jorge III a imponer impuestos abusivos a los colonos, como la Ley del Azúcar (1764) y la Ley del Timbre (1765), bajo el principio de que los colonos debían pagar por su defensa. La resistencia no tardó en cristalizar bajo el lema «No hay tributación sin representación», denunciando la ilegalidad de estos cobros al no tener voz en el parlamento británico.
Incidentes como la Masacre de Boston (1770) y el Boston Tea Party (1773) escalaron la tensión hasta el estallido de las hostilidades en 1775. Finalmente, el 4 de julio de 1776, el Segundo Congreso Continental aprobó la Declaración de Independencia, redactada por Thomas Jefferson. Con el apoyo estratégico de Francia y España, y bajo el mando de George Washington, las colonias lograron que Gran Bretaña reconociera su soberanía en el Tratado de París de 1783, extendiendo sus fronteras iniciales hasta el río Mississippi.
La expansión continental y el «Destino Manifiesto» Una vez consolidada la república con la Constitución de 1787, la nación inició una agresiva expansión hacia el oeste. El primer gran salto ocurrió en 1803 con la Compra de Luisiana a Napoleón Bonaparte; por 15 millones de dólares, Estados Unidos duplicó su tamaño de un solo golpe. A esto le siguió la adquisición de Florida en 1819 tras presiones diplomáticas y militares a España.
Durante el siglo XIX, dos conceptos definieron la política exterior: la Doctrina Monroe (1823), que advertía a Europa que «América era para los americanos», y el Destino Manifiesto, la creencia de que los colonos estaban destinados por la providencia a ocupar el continente de costa a costa. Esta ambición llevó a la anexión de Texas en 1845 y a una cruenta guerra con México, que culminó con la cesión del 55% del territorio mexicano, incluyendo California y Nuevo México. Poco después, la frontera norte se aseguró mediante acuerdos con Gran Bretaña por Oregón (1846) y la compra de Alaska a Rusia en 1867.
El salto al imperialismo y la Pax Americana A finales del siglo XIX, Estados Unidos trascendió sus límites continentales. La anexión de Hawái en 1898, tras un golpe orquestado por empresarios, y la victoria en la Guerra Hispano-Estadounidense ese mismo año, marcaron su entrada en la era del imperialismo. Con la adquisición de Puerto Rico, Guam y las Filipinas, y el control sobre Cuba, el país se posicionó como un actor clave en el Pacífico y el Caribe.
El siglo XX consolidó este rol. Tras abandonar su aislamiento inicial en las guerras mundiales, Estados Unidos emergió de 1945 como el principal arquitecto del orden internacional, impulsando la creación de la ONU, la OTAN y el Plan Marshall. Esta etapa, conocida como la Pax Americana, lo convirtió en el garante de la seguridad occidental, un papel que ejerció indiscutidamente hasta el fin de la Guerra Fría.
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Un aniversario entre la unidad y la controversia Hoy, al mirar hacia el 250 aniversario, la nación debate sus principios fundacionales: la democracia, las libertades individuales y la institucionalidad. Sin embargo, la celebración está envuelta en controversia. Mientras organismos oficiales preparan los actos de América 250, el entorno de Donald Trump promueve una celebración paralela llamada Freedom 250, reflejando las tensiones internas sobre la identidad nacional.
A pesar de las divisiones, los expertos destacan que los lazos de Estados Unidos con socios regionales, como Chile, se basan en estos valores compartidos de seguridad, prosperidad y democracia. El legado de estos 250 años es el de una nación que, tras nacer de una rebelión colonial, no solo conquistó un continente, sino que definió el rumbo de la historia moderna, siempre oscilando entre sus ideales de libertad y las realidades de su poder global.
Redacción equipo DHH.
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