El XXX Seminario Internacional “Los Partidos y una Nueva Sociedad”, convocado en Ciudad de México por el Partido del Trabajo (PT) e inspirado en el centenario de Fidel Castro, estaba concebido como un templo de la fraternidad revolucionaria. Sin embargo, se convirtió en el escenario de una estruendosa fisura ideológica luego del discurso de Gustavo Petro.

Durante su exposición, el expresidente colombiano Gustavo Petro pronunció palabras que tocaron la fibra más sensible del oficialismo venezolano. Al abordar la crisis energética global y la situación en Caracas tras los acontecimientos del 3 de enero —jornada en la que se produjo la captura de Nicolás Maduro—, Petro aseveró que Venezuela terminó entregando su crudo a Estados Unidos. “No puede haber un Chávez con un petróleo regalado a Estados Unidos”, sentenció Petro, agregando que cuando Donald Trump afirma haberse quedado con el petróleo venezolano como botín, “el hombre está diciendo la verdad”.
La respuesta del chavismo no tardó en irrumpir de forma visceral. Desde el auditorio, el diputado y economista del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Jesús Faría, interrumpió el discurso a gritos: “¡Eso es mentira! ¡Diga la verdad! Tienes que tener dignidad”. La confrontación continuó fuera del salón cuando la diputada Tania Díaz encaró a Petro en los pasillos, tildando sus reflexiones de “canallada” y espetándole una recriminación con carga histórica: “¡Santander se presentó aquí, traidor!”. Díaz acusó al exmandatario colombiano de haber tenido conocimiento previo de las acciones militares del 3 de enero y de haber guardado silencio. Ante el reclamo, Petro intentó defenderse mencionando la incertidumbre, el temor y los informes de inteligencia sobre movimientos militares y misiles que él mismo manejaba en aquellos días.
La dialéctica de la frustración: Cuando la utopía choca contra la materia
El altercado en México no es una simple disputa anecdótica entre líderes de izquierda; es una manifestación viva del dilema histórico del socialismo cuando pasa de la narrativa teórica a la administración del poder.
Cuando Petro señala que la retórica revolucionaria ha derivado en la entrega del recurso estratégico al «imperio», está exponiendo la contradicción entre la proclama lírica y la praxis económica. Para la delegación del PSUV, admitir esta observación implica reconocer el colapso del relato utópico, lo que explica la violencia verbal de su reacción: cuando la realidad refuta al dogma, la ortodoxia suele recurrir a la negación defensiva.
La «Nueva Clase» y el refugio en la ortodoxia
El pensador y disidente yugoslavo Milovan Djilas, en su célebre obra La nueva clase, teorizó cómo los regímenes nacidos de revoluciones socialistas terminan consolidando una burocracia dominante cuya prioridad deja de ser la transformación social y pasa a ser la preservación del control del Estado y sus símbolos.
En este marco analítico, las palabras de Petro rompieron el pacto tácito de complicidad ideológica. Al cuestionar el desempeño de las Fuerzas Armadas venezolanas el 3 de enero —resaltando que solo los combatientes cubanos mostraron resistencia heroica hasta morir—, Petro atacó el pilar del mito de la unión cívico-militar. Para la dirigencia representada por Faría y Díaz, cuestionar esa narrativa destruye la legitimidad simbólica de la élite gobernante.
Filósofos de la ciencia y la política como Karl Popper han explicado que los sistemas de pensamiento utópico y cerrado no toleran la falsación ni la crítica. Todo cuestionamiento externo es catalogado de inmediato como traición o conspiración. Petro aconsejó a los presentes: “Hay que leer también, como hacían los obreros del siglo XIX. Leer y comprender el mundo”. Con ello, apeló al pensamiento crítico, recordando que la dogmática abstracta se vuelve inútil si no comprende los cambios del entorno geopolítico. Clase teórica gratis para Diaz y Faria.
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El estigma del «Santanderismo»: Fratricidio y purga retórica
El grito de Tania Díaz acusando a Petro de «Santander» constituye un síntoma de la fragmentación ideológica en América Latina. En la mitología política del chavismo, la figura de Francisco de Paula Santander encarna la traición a la utopía bolivariana y el pragmatismo legalista subordinado a intereses externos.
El fin de la inocencia ideológica
El choque ocurrido en Ciudad de México expone la grieta de la izquierda continental. La colisión entre Gustavo Petro y la representación del PSUV no fue un incidente aislado, sino la escenificación analítica de cómo la retórica socialista colapsa cuando choca contra la gravedad de los hechos económicos y geopolíticos.
Como sintetizó Petro en su intervención ante un auditorio atónito: “Hay que aprender de la historia, pero de la nostalgia no se vive”. Cuando la teoría política se niega a revisar sus premisas frente a la realidad práctica, las asambleas fraternas terminan inevitablemente convertidas en tribunales de acusación mutua.
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