La reciente entrevista concedida por la presidenta encargada de Venezuela Delcy Rodríguez al periodista Javier Negre en el Palacio de Miraflores se presenta como una primicia periodística, pero termina convirtiéndose para muchos en una situación donde no se usa la regla de oro del periodismo de investigación: la repregunta. Respetamos el enfoque que cada quien haga en su análisis, pero este es el nuestro.

07/17/2026. A lo largo de una hora de diálogo, el entrevistador permitió que la funcionaria construyera un relato propio sobre una supuesta transición pacífica en Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro, sin que sus afirmaciones encontraran el muro de la confrontación ideológica o el dato contrastado. Lo que el público presenció fue prácticamente un monólogo asistido donde la herramienta básica del oficio —el cuestionamiento de la respuesta previa— brilló por su ausencia, permitiendo que Rodríguez navegara por temas escabrosos sin enfrentar las contradicciones de su propio discurso.
El primer gran vacío informativo se produjo al abordar la operación militar y la detención de Maduro. Ante la afirmación de Rodríguez de que no hubo ningún pacto previo con la CIA o el gobierno estadounidense, Negre aceptó un «cero» rotundo como respuesta definitiva. El periodista no repreguntó sobre la inverosimilitud de que una transición de tal magnitud se gestara sin la anuencia de la segunda al mando, ni cuestionó cómo fue posible que ella pasara, en cuestión de horas, de ser la mano derecha de un gobierno «asediado» a ser la «presidenta encargada» bendecida por Donald Trump. Esta falta de insistencia dejó en el aire la duda razonable sobre los mecanismos de poder que permitieron su ascenso meteórico en medio de lo que ella misma describió como un ataque a la capital.
En materia de derechos humanos, cuando se tocó el tema de El Helicoide. Delcy Rodríguez admitió que el centro de torturas fue un «error», una confesión que en cualquier otro contexto habría generado una batería de repreguntas sobre los responsables, las víctimas y las órdenes impartidas. Sin embargo, Negre permitió que ella pivotara inmediatamente hacia una narrativa de «disfrute de la comunidad» y «familia policial», sin confrontarla con los informes internacionales sobre crímenes de lesa humanidad cometidos en ese recinto. El periodista no exigió nombres o detalles sobre la «rectificación» prometida, dejando que el eufemismo de la «criminalización de la pobreza» sepultara años de denuncias documentadas.
El tercer tema donde la falta de repregunta fue flagrante fue la integridad del sistema electoral. Rodríguez calificó el sistema venezolano como «el más perfecto del mundo», desestimando las pruebas de fraude presentadas por la oposición como «intentos de forjar actas». Negre, en lugar de presentar los datos de los organismos internacionales o las actas publicadas por la campaña de Edmundo González que contradicen la versión oficial, se limitó a escuchar la descalificación de los críticos como «sectores extremistas». Al no confrontar la «perfección» tecnológica con la realidad política de la exclusión y la falta de transparencia, el periodista validó implícitamente una versión que ha sido cuestionada globalmente.
La gestión económica y la corrupción en PDVSA representaron otro escenario de pasividad periodística. Cuando la entrevistada afirmó que la industria petrolera ahora se audita como cualquier transnacional y que ella misma ha pedido recuperar dinero de la corrupción, Negre no repreguntó sobre el paradero de los miles de millones de dólares desaparecidos en escándalos recientes ni sobre la opacidad de la Ley Antibloqueo. La respuesta de Rodríguez sobre el uso de bienes recuperados para «organizaciones comunales» fue aceptada sin solicitar pruebas de ejecución presupuestaria o auditorías independientes, permitiendo que la retórica de la «felicidad social» ocultara la profundidad del colapso financiero del país.
Sobre el financiamiento de movimientos políticos extranjeros, el silencio de la repregunta fue ensordecedor. Ante las preguntas sobre el apoyo económico a figuras como Gustavo Petro en Colombia o el nacimiento de Podemos en España, Rodríguez negó cualquier conocimiento o afirmó haber revocado contratos de asesoría. Un investigador político habría insistido en los vínculos documentados, las maletas de dinero mencionadas en otros procesos judiciales o los testimonios de desertores del chavismo. Negre, por el contrario, permitió que la entrevistada se escudara en el desconocimiento («no tengo conocimiento»), una salida fácil que el periodista no intentó bloquear con datos específicos de inteligencia o reportajes previos.
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El polémico caso del «Delcygate» en España fue quizás el momento de mayor duda. Rodríguez sostuvo que fue invitada oficialmente por el exministro Ábalos y que las famosas maletas de oro eran «puras falsedades». A pesar de ser un periodista español conocedor del escándalo, Negre no repreguntó sobre las violaciones a las sanciones de la Unión Europea que le prohibían pisar suelo español, ni sobre las múltiples versiones contradictorias que el gobierno de Pedro Sánchez ofreció en su momento. Al no presionar sobre los detalles logísticos del encuentro en Barajas, el entrevistador permitió que la versión de la «invitación oficial» quedara como una verdad incuestionable en su programa.
Finalmente, la relación con las Fuerzas Armadas y figuras como Diosdado Cabello fue tratada con una delicadeza impropia de una investigación política. Rodríguez aseguró que no hubo alzamiento militar el 3 de enero porque la Fuerza Armada garantizó la paz, y defendió a Cabello como una pieza fundamental del proceso a pesar de las recompensas ofrecidas por EE.UU. Negre no cuestionó la lealtad interna ni el posible conflicto de intereses de militares que ahora cooperan con quienes antes llamaban «el imperio». Esta omisión de la repregunta sobre la cohesión del mando militar venezolano frente al nuevo giro diplomático con Trump dejó fuera del análisis la incongruencia que vive el estamento castrense en este escenario de transición.
Redacción equipo DHH sobre entrevista en youtube.
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