Los demócratas ganaron las elecciones de medio término en Estados Unidos. Voltearon ambas cámaras del Congreso y quedan en posición de desafiar las prioridades del presidente Donald Trump desde una posición de fuerza. Los resultados son preliminares y algunas carreras siguen abiertas.

Cámara de Representantes: la mayor ventaja demócrata en más de tres décadas
Los republicanos llegaron al día de las elecciones con 218 escaños frente a 214 demócratas, además de un independiente cercano a la dirigencia republicana y dos vacantes. A los demócratas les bastaba un avance neto de tres escaños. Superaron esa cifra con holgura. NBC News proyecta que ganarán 258 escaños, algo que el partido no lograba desde 1993. Otra estimación de la misma cadena habla de al menos 255.
La ventaja se logró pese a que los republicanos rediseñaron mapas en varios estados durante el último año y medio para favorecerse. Los demócratas arrebataron distritos republicanos en Texas, Iowa, Nebraska, Wisconsin, Carolina del Norte, Kentucky, Nueva Jersey, Pensilvania, Virginia y Colorado.
Nancy Pelosi respaldó a Hakeem Jeffries para presidir la Cámara. Si es elegido, sería el primer presidente afroamericano de la Cámara en la historia.
Senado: siete escaños volteados y victorias en territorio rojo
El Senado fue la mayor sorpresa. Los demócratas necesitaban un avance neto de cuatro escaños y arrebataron siete en manos republicanas, algunos que el GOP controlaba desde hacía décadas. Los escaños volteados están en Ohio, Iowa, Carolina del Sur, Maine, Carolina del Norte, Kansas y Texas. Además, Abdul El-Sayed ganó en Michigan y será el primer senador musulmán de la historia del país.
Los demócratas vienen encaminados a tener al menos 54 escaños y los republicanos al menos 42. Quedan pendientes Alaska, donde la demócrata Mary Peltola compite muy de cerca con el senador republicano Dan Sullivan, y Mississippi. Las cifras varían ligeramente entre los medios, según cuántos escaños den ya por decididos.
Texas: fin de tres décadas de hegemonía republicana
Texas fue el mayor terremoto de la noche. El demócrata James Talarico derrotó al republicano Ken Paxton y puso fin a 32 años de dominio republicano en las elecciones estatales. Es el primer demócrata en ganar un escaño en el Senado por Texas desde 1988. Con alrededor del 66 % del voto contado, Talarico tenía 59,4 % frente al 39 % de Paxton, según AP. El conteo de la Secretaría de Estado lo situaba el miércoles en torno al 55 %. «Acabamos de recuperar Texas», dijo Talarico a sus seguidores.
El golpe incluyó la gubernatura. La demócrata Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott, que reconoció su derrota la misma noche. A nivel federal, los demócratas también ganaron un distrito que ocupaba un republicano en el sur del estado, el 23, donde Katy Padilla Stout venció a Brandon Herrera. El rediseño de distritos que los republicanos impulsaron en Texas para ganar hasta cinco escaños terminó, en buena medida, volviéndose en su contra.
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Florida: Donalds resiste, pero el estado ya no es una fortaleza
Florida fue el bastión que aguantó, aunque por poco. El republicano Byron Donalds ganó la gubernatura con el 50,1 % de los votos frente al demócrata David Jolly. Es el primer gobernador negro en la historia de Florida y el primer gobernador republicano negro del país. Agradeció a Trump en su discurso de victoria y sucede al gobernador Ron DeSantis, que no puede reelegirse.
La cercanía es la noticia. Los republicanos tienen una ventaja de unos 1,5 millones de votantes registrados y Donalds superó ampliamente a Jolly en recaudación, y aun así el resultado fue muy ajustado. Pese al rediseño distrital republicano, los demócratas retuvieron tres escaños clave: Kathy Castor, Jared Moskowitz y la novata Pia Dandiya. En el Senado estatal, la republicana Ashley Moody se impuso a la demócrata Angie Nixon.
El voto latino: del giro a la derecha al péndulo de regreso
El voto latino fue una de las claves de la noche. Los latinos ayudaron a impulsar el regreso político de Trump en 2024, pero esta vez le dieron la espalda por los altos precios y su ofensiva migratoria. Un sondeo de NBC News mostraba a los demócratas con 27 puntos de ventaja entre los latinos, frente a una diferencia de apenas 7 puntos en 2024.
En Texas el efecto fue evidente. Los latinos son aproximadamente el 30 % del electorado texano. Los demócratas solían obtener cerca del 60 % de ese voto y bajaron hacia el 50 % en 2024. Talarico obtuvo márgenes importantes en los condados Hidalgo, Starr y Cameron, en el Valle del Río Grande, que Trump había ganado en 2024. Los sondeos indicaban que muchos latinos estaban descontentos con la economía y con las redadas agresivas del ICE.
En Florida el cuadro es más matizado. Jolly obtuvo el 53 % en Miami-Dade frente al 46 % de Donalds, en un condado que Trump había ganado por más de 11 puntos en 2024. Según un sondeo preliminar de salida citado por un medio especializado, los cubanoamericanos aún se inclinaron por Donalds 56 a 44, mientras que los puertorriqueños respaldaron a Jolly 68 a 31 y otros hispanos lo hicieron 60 a 40. La lección es que el «voto latino» no es un bloque único. Las diferencias por origen, estado y prioridades económicas pesan, y ningún partido puede darlo por asegurado.
Gobernabilidad: un Trump con poder de veto, pero sin el control del Congreso
Trump no pierde sus poderes presidenciales. Conserva el veto, las órdenes ejecutivas y la dirección del gobierno federal. Pero los demócratas controlarán las comisiones, las investigaciones y la agenda legislativa. Aun así, tras las elecciones Trump felicitó a los demócratas y dejó claro que no interpreta los resultados como un rechazo a su liderazgo.
Los frentes que se abren son estos:
- Investigaciones. Los demócratas tendrán poder de citación (subpoena) y se esperan pesquisas sobre el salón de baile de la Casa Blanca, los negocios de la familia Trump en criptomonedas y el avión de 400 millones de dólares regalado por Catar. La agenda de investigación también incluye el caso Epstein y la ofensiva migratoria.
- Juicio político. Jeffries no lo ha descartado, aunque tampoco lo anuncia, y dice que se guiará por los hechos y la Constitución. Anular un veto exige dos tercios de cada cámara, unos 290 votos en la Cámara y 67 en el Senado, lo que requiere apoyo republicano. Con 54 escaños, remover al presidente es muy improbable.
- Nombramientos. Los demócratas podrían bloquear nominados judiciales y del Ejecutivo, incluidos posibles jueces del Tribunal Supremo.
- Legislación. Trump amenazó con vetarlo todo, y la mayoría de los proyectos necesita 60 votos en el Senado, de modo que los demócratas necesitan apoyo republicano para enviarle casi cualquier ley. En la práctica esto anticipa un Congreso paralizado, con acuerdos puntuales sobre el costo de la vida como única salida.
La nueva legislatura asume en enero, y hasta entonces los republicanos controlan el Congreso saliente. El presidente enfrenta dos años de gobierno dividido, con la vista puesta en 2028. Su herramienta serán las órdenes ejecutivas y el veto, y la de los demócratas, la supervisión y el desgaste político.
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