A finales de 2025, mientras una armada de buques de guerra y cazas estadounidenses acechaba las costas venezolanas, Nicolás Maduro celebraba la Nochebuena con hallacas y música tradicional, sumergido en una desconcertante relajación. Esta imagen no era la de un estratega calculador, sino la de un autócrata cuya soberbia y exceso de confianza le impidieron decodificar la urgencia de una geopolítica que ya no jugaba bajo sus reglas.

04/26/2026. A 113 días, la caída de Maduro no fue solo un evento militar; fue el colapso de un hombre que, tras trece años burlando complots internos, terminó devorado por su propia incapacidad de entender la magnitud de sus adversarios.
El espejismo de la invulnerabilidad
El error fundamental de Maduro radicó en subestimar la determinación de sus oponentes y sobreestimar su propia capacidad de maniobra. Su historial de supervivencia ante protestas masivas e intentos de magnicidio le tejió un velo de invencibilidad. Esta «altivez de espíritu», como advierten las reflexiones sobre la soberbia, lo llevó a cerrar el corazón a consejos y advertencias críticas. Incluso cuando figuras como el multimillonario Joesley Batista le transmitieron advertencias directas del Departamento de Estado, Maduro las ignoró, demostrando una falta de comprensión absoluta sobre la urgencia del momento.
Esta desconexión se hizo evidente el 3 de enero, cuando las explosiones en Fuerte Tiuna fueron interpretadas por su círculo íntimo como un golpe de Estado doméstico y no como el inicio de un ataque extranjero. Maduro se encontraba atrapado en una cámara de eco, donde solo escuchaba a quienes buscaban complacerlo, perdiendo así la visión periférica necesaria para navegar las aguas de la política internacional.
La diplomacia del malentendido
Uno de los episodios más reveladores de su torpeza geopolítica fue su interacción directa con Donald Trump. En su único diálogo telefónico, Maduro confundió la ligereza de la conversación con una falta de resolución. Mientras Trump veía a Venezuela como un «asunto pendiente» y una amenaza de seguridad, Maduro respondía con bromas y desplantes, rechazando una invitación a Washington por temor a una trampa.
El abismo entre la realidad y la percepción de Maduro se selló con una danza. Tras la llamada, Maduro apareció en televisión bailando y coreando consignas en un inglés exagerado, intentando proyectar control. Sin embargo, para la Casa Blanca, estas «travesuras» fueron interpretadas como una burla directa, lo que inclinó definitivamente la balanza hacia la intervención militar. Su incapacidad para entender que la verdadera política exterior no es un espectáculo de tarima, sino un juego de señales y fuerzas reales, resultó fatal.
La soberbia y la caída: advertencia bíblica y contexto histórico
El proverbio “Antes del quebrantamiento está la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18) es una advertencia clásica que recuerda que la soberbia —actitud de creerse superior o invencible— suele preceder a la caída o al fracaso. La altivez de espíritu implica cerrar el corazón a consejos y advertencias, subestimar a los oponentes y perder la perspectiva necesaria para navegar riesgos.
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El Saturno venezolano: un poder que se devora a sí mismo
Al final de su mandato, Maduro ya no gobernaba; simplemente se protegía. Como el Saturno de Goya, su regimen, cargado de violencia y soberbia, comenzó a devorar sus propios ideales y a sus propios hombres para sobrevivir. Su estrategia se redujo a esconderse detrás de intereses extranjeros y redes de complicidad, mientras la corrupción y la desconfianza mutua fracturaban sus bases de poder.
La historia de Maduro confirma una frase que le escuche al profesor Ricardo Nieves: “detrás de la soberbia va acechando la caída”. Su negativa a cultivar la humildad política —aquella que permite aceptar consejos y evaluar debilidades— transformó su gobierno en una torre construida sobre bases débiles. En su ocaso, quedó retratado como un líder que, consumido por la rebeldía, no supo distinguir entre la supervivencia política interna y el implacable tablero de la geopolítica mundial.
Redacción Albitrio Fabrepe para DHH.
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