La presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha adoptado una postura de firme condena frente al reciente intento de magnicidio frustrado contra el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

04/26/2026. Sin embargo, lo que para algunos es un gesto de «diplomacia de paz», para otros representa una omisión histórica y una contradicción ética difícil de digerir. Mientras Rodríguez utiliza las plataformas oficiales para rechazar la violencia en suelo estadounidense, el silencio sobre los eventos ocurridos durante la extracción de Nicolás Maduro sigue siendo absoluto.

La Doble Vara de la Indignación
La narrativa oficialista ha sido rápida en calificar el ataque contra Trump como una muestra de la «decadencia del sistema democrático del norte». No obstante, la técnica periodística de contraste revela dos realidades paralelas:
1. El Apoyo a Trump: Rodríguez enfatizó que la violencia nunca debe ser el camino en la política, un discurso que busca posicionar al gobierno venezolano en una supuesta superioridad moral frente a los conflictos internos de Washington.
2. El Silencio por los 80: La analítica de medios destaca que no ha habido una sola mención, condolencia o investigación transparente respecto a los **80 ciudadanos cubanos** que perdieron la vida durante el operativo de captura y traslado de Nicolás Maduro.
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¿Por qué este silencio?
Desde un punto de vista comunicacional, la estrategia de Delcy Rodríguez busca normalizar relaciones con la administración de Trump bajo el pragmatismo político, intentando borrar de la memoria colectiva el costo humano de la transición forzada en Venezuela.
«Contradicción Técnica» : Se condena un evento donde el objetivo salió ileso, pero se ignora una masacre documentada de aliados cercanos (la guardia pretoriana cubana) que custodiaba al exmandatario.
Esta disonancia genera un vacío de credibilidad. Para el ciudadano común, resulta incomprensible que la vida de un líder extranjero sea motivo de pronunciamiento oficial, mientras que la sangre de quienes sostenían el aparato de seguridad del Estado sea tratada como un dato inexistente.
La historia periodística nos enseña que los vacíos informativos hablan tanto como los comunicados oficiales. En este caso, el silencio sobre los 80 cubanos no es solo un olvido; es una pieza clave en el rompecabezas de una narrativa que prefiere mirar al norte para no tener que explicar las heridas abiertas en el sur.
Redacción Elena Calzadilla para DHH.
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