En el corazón de la Ciudad de Panamá, el Centro de Convenciones Atlapa se ha transformado en el escenario de uno de los encuentros diplomáticos más tensos de los últimos años: la inauguración del 56.º Período de Sesiones Ordinarias de la OEA. La cita, celebrada este lunes 22 de junio de 2026, no solo busca abordar las grietas democráticas de la región, sino que se desarrolla bajo la sombra de una crisis existencial dentro del propio organismo hemisférico.

06/22/2026. Mientras las primeras delegaciones de Haití, Honduras, Jamaica y México hacían su entrada, los pasillos de Atlapa bullían con noticias sobre una «purga diplomática» impulsada por la administración de Donald Trump. Leandro Rizzuto Jr., el embajador designado por Washington, ha provocado la salida de casi toda la plana mayor de la misión estadounidense, buscando virar el enfoque de la OEA desde la defensa de los derechos humanos hacia intereses estrictamente económicos. Esta maniobra, sumada a la amenaza de recortes presupuestarios por parte de EE. UU. —que aporta el 30% del fondo regular—, ha puesto al secretario general Albert Ramdin en una posición sumamente delicada, agravada por cuestionamientos internos sobre su gobernanza y la reciente renuncia de su jefa de gabinete en medio de escándalos legales.
El discurso de Mulino: De la solidaridad al reclamo soberano
El presidente panameño, José Raúl Mulino, marcó el tono de la jornada con un discurso que no dejó indiferente a nadie. Mulino ofreció un respaldo inquebrantable a Bolivia, condenando los intentos de desestabilización contra el gobierno de Luis Arce y avalando una comisión urgente de cancilleres para visitar el país andino.
Sin embargo, el mandatario también aprovechó la tribuna internacional para denunciar una situación crítica para la economía panameña: el incremento «inusual e injustificado» de inspecciones y detenciones de buques con bandera de Panamá en puertos de China. «El derecho marítimo internacional y la libertad de comercio no pueden convertirse en instrumento de presión política», sentenció Mulino, tras reportar que las detenciones pasaron de 30 a más de 140 en un solo mes.
Nicaragua, Cuba y Venezuela en el punto de mira
La agenda política de la Asamblea se centra con severidad en el deterioro democrático de Nicaragua, Cuba y Venezuela. En particular, circula un borrador de resolución sobre Nicaragua que califica de «grave» la situación de derechos humanos, exigiendo la liberación de presos políticos y el cese de la persecución religiosa y civil. Organizaciones de la sociedad civil han llegado a Panamá con el objetivo de asegurar que los crímenes atribuidos al régimen de Ortega no sean eclipsados por otros temas como la migración o la seguridad regional.
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Un legado histórico en medio de la tormenta
Irónicamente, esta asamblea coincide con la celebración del bicentenario del Congreso Anfictiónico, un sueño bolivariano de unidad regional. En un gesto simbólico, Brasil hizo entrega a Panamá de las históricas actas de aquel congreso, un legado que Mulino agradeció como un paso para reafirmar los ideales de integración en un momento en que la región parece más fragmentada que nunca.
Con la presencia de mandatarios como Bernardo Arévalo de Guatemala y Nasry Asfura de Honduras, la OEA en Panamá se debate entre su relevancia histórica y una incertidumbre financiera que pone en duda su capacidad para seguir siendo el árbitro de la democracia en las Américas.
Redacción equipo DHH.
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