Petro prendió la pugna con eso de que “El whisky mata más que la cocaína”: ¿Tiene razón?

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En el tablero de la política internacional, pocas declaraciones han generado tanto sismo como la premisa lanzada por el presidente colombiano Gustavo Petro: “El whisky mata más que la cocaína”. Lo que a simple vista parece una provocación retórica, esconde un entramado de realidades estadísticas, vacíos científicos y una profunda crisis de salud pública.

05/08/2026.

El abismo numérico: La dictadura de la estadística

Para entender la raíz de la afirmación, es imperativo confrontar los datos fríos de los organismos multilaterales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de alcohol es responsable de 2,6 millones de muertes anuales a nivel global. Esta cifra no se limita a la toxicidad del etanol; abarca un espectro que incluye cirrosis, cánceres, accidentes de tránsito y actos de violencia.

En contraste, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) sitúa las muertes directas por cocaína entre las 26,000 y 30,000 al año. La relación es de 100 muertes por alcohol por cada una por cocaína. Sin embargo, la investigación advierte que este dato es fruto de un escenario asimétrico: el alcohol es una sustancia legal, de consumo masivo y socialmente aceptada, mientras que la cocaína opera bajo la clandestinidad, lo que limita su alcance demográfico pero no necesariamente su letalidad intrínseca.

El laboratorio del cuerpo: letalidad aguda vs. erosión crónica

La diferencia fundamental reside en la farmacología del daño. La cocaína es un estimulante de “alta letalidad aguda”; tiene la capacidad de provocar infartos, arritmias y muerte súbita incluso en consumidores primerizos, debido a su impacto violento en el sistema cardiovascular.

Por otro lado, el daño del alcohol suele ser “crónico”, manifestándose tras años de consumo prolongado. No obstante, el alcohol posee una arista médica más oscura que la cocaína: su síndrome de abstinencia, conocido como delirium tremens, puede ser mortal, una complicación que la cocaína rara vez presenta por sí sola.

Un hallazgo crítico que suele omitirse en el debate público es el “Cóctel Letal”: la combinación de ambas sustancias genera en el hígado una molécula llamada cocaetileno. Esta sustancia es significativamente más tóxica que la cocaína pura y eleva el riesgo de muerte súbita entre un 18% y un 25%.

El veredicto de The Lancet: El daño a terceros

En la jerarquía del daño, la ciencia ha intentado establecer un orden claro. El icónico estudio del Dr. David Nutt, publicado en la revista científica The Lancet, clasificó las drogas no solo por el daño al usuario, sino por el impacto en su entorno.

  1. Alcohol: Calificada como la droga más dañina en términos globales. Su legalidad facilita la desintegración familiar, la violencia doméstica y una carga económica masiva para los sistemas de salud pública.
  2. Cocaína: Aunque devastadora para el individuo, su impacto social en términos de salud pública es menor debido a su menor prevalencia de consumo comparada con el alcohol.

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La geopolítica de la prohibición: El «Ángulo Petro»

El argumento de Petro trasciende lo médico para entrar en lo sistémico. El presidente argumenta que la cocaína no solo mata por sobredosis, sino por la violencia estructural que genera su prohibición. Mientras que el whisky, al ser regulado, no provoca guerras entre carteles por el control de rutas, la ilegalidad de la cocaína es el motor de homicidios y desestabilización en Latinoamérica.

Si se sumaran las muertes derivadas de la «Guerra contra las Drogas» —homicidios, enfrentamientos armados y terrorismo—, la cifra de mortalidad asociada a la cocaína se dispararía drásticamente, aunque estadísticamente seguiría teniendo dificultades para alcanzar los millones de muertes que el alcohol cosecha anualmente de forma silenciosa.

La trampa del reduccionismo

Podemos entender que la afirmación de Petro es un ejercicio de reduccionismo estadístico. Es corroborada en términos de mortalidad bruta y daño social global, donde el alcohol es, sin duda, una crisis sanitaria superior. Sin embargo, es desmentida en términos de peligrosidad intrínseca: la cocaína es mucho más adictiva y letal por dosis única que un consumo moderado de whisky.

La ciencia médica y la sociología coinciden en que la comparación no busca una verdad clínica, sino impulsar una agenda política de despenalización. La advertencia final de los expertos es clara: la ventaja estadística que hoy tiene la cocaína sobre el alcohol podría evaporarse si, ante una eventual legalización sin controles extremos, el consumo se masificara, disparando las muertes por sobredosis a niveles nunca antes vistos.

Redacción Tony Romero para DHH.

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