La crisis en Bolivia ha escalado a niveles de violencia alarmantes, dejando al país en un estado de incertidumbre que oscila entre el estruendo de los proyectiles y el silencio de un diálogo que no llega. Tras más de un mes de parálisis, el epicentro del conflicto se ha trasladado a las carreteras, donde el choque entre fuerzas del orden y sectores movilizados ha teñido de sangre el departamento de Santa Cruz.

06/07/2026. El operativo policial y militar desplegado en San Julián para desbloquear la ruta hacia Beni ha dejado un saldo devastador. La Defensoría del Pueblo reportó un total de 33 heridos, de los cuales 26 son civiles y siete son efectivos policiales. La gravedad de la situación se evidencia en el uso de armamento: cuatro uniformados fueron alcanzados por impactos de bala, encontrándose uno de ellos en cuidados intensivos.
La Defensoría ha expresado su profunda preocupación por la presencia de actores paraestatales y grupos de choque que emplean armas de fuego y explosivos, desvirtuando el derecho a la protesta. Ante este escenario, la institución ha instado al Ministerio Público a realizar una investigación imparcial para identificar a los responsables y ha recordado que el uso de la fuerza por parte del Estado debe ser proporcional y legal.
El duelo de narrativas: Entre el «fracaso» y el «narcoterrorismo»
Mientras la violencia se desata en las calles, el pulso político entre el expresidente Evo Morales y el gobierno de Rodrigo Paz se agudiza. Desde su bastión en el Chapare, Morales calificó los operativos en San Julián y El Alto como actos de «fascismo y racismo», asegurando que la estrategia gubernamental de implementar un «Estado de Excepción de facto» ha fracasado rotundamente. En un tono desafiante, Morales afirmó que no abandonará el país y retó a las autoridades a detenerlo, denunciando un presunto plan respaldado por potencias extranjeras para acabar con su vida.
Por su parte, el presidente Rodrigo Paz ha endurecido su discurso, vinculando las movilizaciones con intereses del «narcoterrorismo» que buscan desestabilizar la democracia. Paz agradeció públicamente el respaldo del Secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, reafirmando que su administración no cederá ante quienes intentan destruir las instituciones bolivianas.
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Un llamado desde la fe ante la agonía social
En medio de este fuego cruzado, el Cardenal Toribio Porco Ticona ha lanzado un grito urgente por la reconciliación. A través de un mensaje fraterno, la autoridad eclesiástica lamentó el sufrimiento de las familias bolivianas que enfrentan tensiones y divisiones que «deterioran la paz social». Ticona exhortó a las autoridades y a los sectores movilizados a priorizar la vida por encima de cualquier ideología y a construir puentes en lugar de muros.
La crisis ya no solo es política, sino humana. Con 38 días de bloqueos, el desabastecimiento de alimentos y el encarecimiento de productos básicos están castigando severamente a los sectores más vulnerables: enfermos, niños y ancianos. Como bien señaló el Cardenal, la verdadera paz no nacerá de la fuerza, sino de un encuentro honesto donde se reconozca la dignidad del otro para evitar que el dolor se convierta en la única constante de la nación.
Redacción equipo DHH.
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