El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el mandatario estadounidense, Donald Trump, protagonizaron un encuentro de tres horas en la Casa Blanca que marca el inicio de lo que ambos califican como una «relación sincera» y pragmática.

05/07/2026. Lo que estaba programado como una reunión protocolar se extendió por una hora adicional a lo previsto, dividiéndose entre una sesión privada en la Oficina Oval y un almuerzo de trabajo en el Salón del Gabinete, donde la «química» personal parece haber superado las históricas tensiones ideológicas.
El pulso comercial: 30 días para evitar una guerra de tarifas
El eje central de la disputa económica giró en torno a la Sección 301 y las posibles sobretarifas estadounidenses a productos brasileños. Mientras que el equipo de Trump cuestionó los impuestos que Brasil aplica a las importaciones, Lula contraatacó con datos de la balanza comercial: Brasil registró un déficit de entre 14,000 y 20,000 millones de dólares con EE. UU. en el último año.
Ante el estancamiento burocrático, Lula propuso una solución ejecutiva: un grupo de trabajo bilateral liderado por los ministerios de comercio de ambos países que tendrá exactamente 30 días para presentar una propuesta final que cierre las investigaciones tarifarias. «Si tenemos que ceder, cederemos; si ellos tienen que ceder, tendrán que ceder», sentenció el líder brasileño, enfatizando que la «máquina pública» no debe frenar las metas de los mandatarios.
Soberanía y minerales críticos: El nuevo «Oro» brasileño
Uno de los puntos de mayor soberanía discutidos fue el de las tierras raras y minerales críticos. Lula fue enfático al declarar que Brasil no será un mero exportador de materia prima, como ocurrió históricamente con el oro y la plata. Con un marco regulatorio recién aprobado en el Congreso brasileño, el país busca inversiones no solo para la minería, sino para el refinado y procesamiento interno.
Lula aclaró a Trump que Brasil mantiene una política de multilateralismo sin vetos: «Quien quiera participar, sean empresas estadounidenses, chinas, alemanas o francesas, está invitado». El objetivo es que Brasil se convierta en un actor central en la transición energética global aprovechando el potencial de su subsuelo, del cual solo se conoce el 30% actualmente.
Seguridad nacional: De la «asfixia financiera» al tráfico de armas
En materia de seguridad, la reunión abordó el combate al crimen organizado desde una perspectiva técnica y financiera. Brasil propuso un plan de «asfixia financiera» para destruir el potencial económico de las facciones criminales que operan como multinacionales.
Un dato revelador compartido en la mesa fue la incautación de más de media tonelada de armas y equipos irregulares provenientes de Estados Unidos hacia Brasil, así como una tonelada de drogas sintéticas en sentido inverso. Lula propuso la creación de un grupo de trabajo internacional para combatir el lavado de dinero, señalando incluso que muchos recursos evadidos de Brasil terminan en jurisdicciones como Delaware.
Geopolítica y el «fantasma» de Irán
El mandatario brasileño no evitó los temas espinosos de la agenda global. Lula entregó personalmente a Trump una copia del acuerdo de 2010 sobre el programa nuclear de Irán (negociado entonces por Brasil y Turquía), defendiendo el diálogo sobre la confrontación militar. «Creo mucho más en el diálogo que en la guerra», afirmó Lula, advirtiendo que una invasión a Irán causaría más daños de los imaginados por la administración Trump.
Sobre la región, Lula se ofreció como mediador en los casos de Cuba y Venezuela, instando a Trump a poner fin al bloqueo histórico contra la isla caribeña. Asimismo, reiteró la urgencia de una reforma integral de la ONU, criticando el derecho a veto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad como un obstáculo para la paz en conflictos como los de Ucrania y Gaza.
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Anécdotas y el factor personal
El encuentro también dejó espacio para la distensión. Lula bromeó con Trump sobre la Copa del Mundo, pidiéndole entre risas que «no anule los visados de los jugadores brasileños» para que Brasil pueda ganar el torneo en suelo estadounidense. Incluso hubo detalles sobre el almuerzo: Lula relató cómo Trump, con buen humor, retiraba los trozos de naranja de su ensalada porque no le gustaba la fruta en ese plato.
En un gesto político significativo, Lula entregó a Trump una lista de autoridades brasileñas que actualmente tienen restricciones de visa para entrar a EE. UU., sugiriendo que, tras los cambios legislativos en Brasil sobre la dosimetría de penas, sería un gesto positivo liberar dichas restricciones.
Lula regresa a Brasil declarándose «muy optimista». Ha logrado sentar a Trump en una mesa de negociación técnica con plazos definidos, ha defendido la soberanía sobre los recursos estratégicos del Amazonas y ha dejado claro que la relación entre las dos mayores democracias del hemisferio no depende de afinidades ideológicas, sino de intereses de Estado y respeto mutuo a la soberanía nacional.
Redacción Elena Calzadilla para DHH.
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